Otro 8 de marzo llego sin
que las cosas hayan cambiado sustancialmente para la mujer latinoamericana. A pesar de todos los desarrollos logrados en las
áreas científicas y tecnológicas que dan pauta del estado cultural de las sociedades que las originan, aun no somos capaces
de equilibrar nuestras relaciones de género. A pesar de las numerosas incitativas en América Latina y el Caribe para eliminar
las desigualdades a las cuales son sometidas las mujeres, es latente la falta de resultados concretos en la materia. Un ejemplo
claro es la desigualdad salarial. Según la CEPAL hay una diferencia de salario del 21,4% en contra de las mujeres y de 26%
en los países del MERCOSUR. No son raros los casos de mujeres en posiciones de liderazgo que ganan menos que sus subalternos
masculinos, aun en países desarrollados. Ciertos analistas opinan que es mas rentable contratar a mujeres en épocas de crisis
pues no hay que pagarles tanto como a los hombres.
El echo de que según estimaciones
de realizadas por la ONU a principios de los años 90 el equilibro de relaciones de género tomara 500 años o mas (!) me parece exageradamente posible, pues el fondo patriarcal
de nuestras sociedades funciona como un discurso básico inherente, impreso en nuestras mentalidades y modos de percibir y
pensar el mundo. Fueron los hombres los que hicieron el Imperio Romano, los que construyeron las grandes naciones, los que
han descubierto y explorado la tierra, los que han gobernado y gobiernan. Es a través de los ojos masculinos que las mujeres
exploran el mundo y hacen su destino. Personalmente desde pequeña tuve siempre mas admiración por las cualidades de mi padre,
intelectual, emprendedor, filosofo. De mi madre, admiro su ternura, la devoción por sus hijas, su honradez y muchas otras
cualidades, pero es pasiva ante el mundo, lo cual es la consecuencia de su educación tradicional.
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
()
¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Sor Juana Inés de la Cruz.
Es evidente que la situación
de la mujer latinoamericana ha evolucionado de manera positiva. Tenemos más oportunidades de desarrollo personal, podemos
votar, trabajar y ser independientes económicamente, elegir a nuestro marido, etc. Pero la situación no es tan favorable para
todas, pensemos a la situación de la mujer indígena viviendo en extrema pobreza, o simplemente a la citadina que no se le
reconocen sus logros o que es acosada por su patrón en el trabajo. En América
Latina 33% de las mujeres entre 16 y 49 años son victimas de abusos sexuales, 45% sufren de amenazas insultos y destrucción
de objetos personales. En la capital mexicana se cometen alrededor de 82 violaciones al día. La mayoría no es denunciada.
El Banco interamericano de desarrollo considera que la violencia en contra de las mujeres es un obstáculo para el desarrollo
por sus consecuencias sobre las economías de los países. Al mismo tiempo tiene efectos sociales y culturales. De acuerdo con
el concepto de desarrollo humano de las Naciones Unidas, la violencia contra las mujeres afecta su bienestar, su seguridad,
sus posibilidades de educación y de desarrollo personal. (Declaración sobre la
eliminación de la violencia en contra de las mujeres Asamblea de las naciones Unidas, diciembre 1993) .
En analogía con el concepto
de negritud Simone de Beauvoir a propuesto el de feminitud para designar así el conjunto de características adquiridas en
la opresión. Si la mujer no logra desenvolverse en un mundo de hombres a la altura de éstos es precisamente por que se le
ha oprimido y negado la oportunidad de desarrollar sus capacidades intelectuales.
Nos enseñan a ser recatadas,
a no expresarnos libremente, a esperar a nuestro príncipe azul, a dormir como la bella durmiente y a callar. En México muchas
mujeres tienen aun como único objetivo en la vida casarse y tener hijos. Nos
obligan a ser inferiores y es normal, pues de acuerdo al alma de femenina de Sarte, Mme de Beauvoir, la tentation de dominer
est la plus universelle, la plus irresistible qui soit.
En cuanto al ámbito político, la democracia en
América Latina no puede pensarse como un sistema excluyente. Es imperativo que sea plural y que incorpore activamente a las
mujeres. No basta con que se reconozcan los derechos civiles y políticos, es necesario crear los mecanismos concretos de acción
positiva por el principio de igualdad. La mujer latinoamericana participa muy
poco en la política. Ha sido en parte gracias a las cuotas de participación política, definidas en la Conferencia Mundial
sobre la Mujer de las Naciones Unidas que se celebró en Beijing en 1995 y adoptadas en Colombia en el 2000, que el numero de legisladoras a aumentado situándose a 8.8% por el Senado y a 12% por la Cámara
de Representantes. Los resultados por México son de 16% y del 15% respectivamente. La participación política de las mujeres
es mínima en América Latina pues sus perspectivas de trabajo y desarrollo profesional dependen de sus relaciones profesionales
y no de sus capacidades personales.
Deseo concluir este breve análisis reflexionando
sobre mi deseo de construir una sociedad mas justa formada por hombres y mujeres libres, trabajadores y responsables, mas
productivos en lo económico, mas solidarios en los social así como mas participativos en lo político. Es necesario terminar
con el feminismo pues de esta manera las mujeres latinoamericanas canalizaremos nuestra energía y capacidades de manera positiva
elaborando proyectos para el desarrollo y crecimiento de nuestros países.