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DE LA CUADRUPLE RAIZ DEL PRINCIPIO DE LA RAZON SUFICIENTE, ensayo filos˛fico (tercera entrega).
 

Asý pues que la inexistencia de una raz˛n plenijustificadora quita el sustento de mi mundo, y, cual mesa trýpeda sin su tercera pata, caigo desbocado contra el vacýo.
Pensar que la realidad s˛lo es acci˛n, es decir, que s˛lo hay realidad en la medida de que se "opere" dicha realidad es cuando menos descorazonador. Pero es cierto que, por ejemplo, cuando se dice una palabra en otra lengua, salvo si se mobiliza todo un bloque de imÓgenes, la palabra en si no dice nada. De manera mÓs global, un objeto serÓ algo s˛lo a partir del momento en que se le atribuya un contexto. Un ejemplo claro es el caso del reloj:
Un reloj s˛lo no es nada, pero la atribuci˛n de propiedades ilusorias (que no se pueden ver), como aquello de que 'existe' el tiempo y que ese artefacto lo 'mide', hace que dicho aparatejo cobre vida y tenga sabor a realidad. Sin embargo, el tiempo no existe mÓs que por convenci˛n y el reloj no mide mÓs que por comodidad (o por esclavitud).
 
De tal manera que si la realidad es una cuesti˛n 'operada' y si nada justifica dicha operaci˛n porque no existe una raz˛n profundýsima que de sutento a otra y Ústa a otra y asý, el mundo puede ser resumido de la siguiente manera: un gran y absurdo sin sentido. Y es entonces, cuando el brillo del metal vuelve a sonreýrme...
 
Pero alto! he olvidado algo. Mi bello cerebro, maquina de recreaci˛n, entiende que lo que puede procesar no corresponde necesariamente a la realidad. SÚ que al menos eso lo puede detectar. Pero al decir que lo que se entiende no corresponde a la realidad, se estÓ admitiendo que aquella pueda existir o al menos, que algo mÓs puede ser. Kant, como ya habýa dicho antes, dice que "no hay ciencias sino de fen˛menos", pero jamÓs dice que no exista otra cosa ademÓs de los fen˛menos.  De modo que tal vez exista otra 'l˛gica', otra 'dinÓmica'... una 'real realidad' que no dependa de las interpretaciones grisaseas de un ˛rgano cefaleo.
Y si existe dicha realidad, entonces no es il˛gico pensar que pueda existir algo que la justifique. Y si es asý, justificarýa tambiÚn lo que estoy viviendo, estas letras, mis pensamientos, porque estarýa todo ordenado de cierta manera cuyas sutilezas yo ignorarýa. Justificarýa, por ejemplo, el hecho de que mi raz˛n sea imperfecta y que no pueda mÓs que recrear.
Y entonces puede que todo no sea mÓs que un sue˝o, que ni el amable lector exista, que yo sea la pesadilla de un molusco, o la indigesti˛n de un cangrejo;
puede que el cielo no sea azul sino violeta, que el agua queme, que el fuego refresque, que el amor odie, que la ropa desnude. Puede que todo pueda ser y que lo es sin que yo me percate. Y sobre todo, volviendo al anterior pÓrrafo, puede que exista una 'raz˛n' o 'algo' que dÚ sustento a todas las razones y a todo, simple y llanamente.
 
Pero si eso fuere asý, yo no podrýa tener el menor acceso a 'ello'; es mÓs, no podrýa ni nombralo: nombralro serýa suprimirlo. SÚ que es difýcil razonar con respecto a algo que no se puede nombrar pero comprÚndase que al hacerlo, al ponerle una etiqueta a 'Úso' plenijustificador, estarýa arrodillÓndolo a mi l˛gica nominalista, accediendo a ello, haciÚndolo mýo, lo estarýa 'operando' para poder atraparlo en un nombre, y por ende, me estarýa inventando otra realidad.
No obstante, bastantes cosas se pueden explicar a prop˛sito de lo que me refiero. Se puede explicar ante todo cuales son los principales escollos a esquivar para acercarse a ese 'algo' del cual vengo hablando.
Para empezar, dicho algo, que no es raz˛n ni siquiera porque la palabra raz˛n estÓ cargada de sentido y darle un sentido a aquello es caer en una trampa... dicho algo no puede tener ninguna forma humana.
No puede ser dios porque serýa encadenarlo a un sistema de imÓgenes (las mÓs de las veces paternalistas, en lo que concierne a la cultura occidental, profundamente cristiana) y establecer una realidad fantasiosa.
 
Llevando el anÓlisis hasta el extremo y repitiendo lo que ya se ha dicho mÓs arriba, dicho algo ni siquiera puede ser llamado 'algo'. No ha de ser llamado. No funciona con nuestras 'leyes', no responde a nuestros llamados, no es ni 'malo' ni 'bueno', ni siquiera es 'neutro'. No es acci˛n, ni potencia, ni cualquier otra cosa... En resumidas cuentas, ese algo no puede ser accedido por la raz˛n, porque Ústa no hace sino inventar lo que quiere. 
 
Pero por mÓs incierta y sombrýa que parezca dicha cuesti˛n, por ser la ¨nica escapatoria a la realidad no justificada en la que vivo, y con el dolor del alma he de decir, porque no es fÓcil destruir al mundo en que se ha vivido desde siempre con tanta seguridad, que s˛lo dicha alternativa da sustento a mi existir.
Y es ahý donde te quiero ver, como dijera Augusto Monterroso, echado a tu buena duda, pensando en una alternatividad que te saque de la contingencia, dudando de la realidad de cada dýa y relativizando a diestra y siniestra. Pensando como el poeta peruano Martýn AdÓn, que el atardecer es como un huevo frito y que el cocinero jamÓs ha de ser visto, como cuando uno va a un restaurante y se come su plato contentýsimo y sosegado, sin pensar por un minuto en el color de los pelos del bigote de la persona que debajo de un gorro de chef le pone sal o pimienta o no se quÚ a aquella cuesti˛n que ahora baja por la garganta para alojarse plÓcida en el estomago de la inconciencia.
 
(ver la continuaci˛n en la siguiente entrega)
 
 
 

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